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Agradecimientos por su colaboración a D. Sebastián Barahona Vallecillo (Cronista Oficial de Mengíbar)
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La Torre
La Torre forma parte de la identidad de Mengíbar y de los mengíbareños, orgullosos de la idiosincrasia de este monumento, de ahí que, con toda justicia, forme parte de su escudo.
Debió ser la del homenaje del Antiguo Castillo o Fortaleza, de la que aún se conservan visibles restos. Por el tipo de construcción, podemos afirmar que se levantó hacía los siglos XII-XIII o bien se aprovechó restos de otra anterior. Hay estudios que aseguran que en su construcción intervinieron arquitectos sirios.
Consta de tres bellas salas con originales bóvedas de ladrillo, y escalera empotrada en el muro. Mide 13,70 metros de lado y es de base cuadrada; su altura es de 25,50 metros. La luz la reciben sus salas por saeteras abiertas en el centro de cada muro.
En la segunda planta se abre un balcón, antes amatacanado, que cuidaba la entrada de la Torre, quedando en su vertical. Últimamente ha sufrido una excelente restauración, habiendo recobrado todas sus estancias la monumentalidad que debió de tener en los siglos medievales.
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Iglesia de San Pedro Apostol
La iglesia de San Pedro Apóstol es una joya arquitectónica del renacimiento con claras influencias de Francisco del Castillo <<El viejo>>, Andrés de Vandelvira y Alonso Barba, y que, pese a las muchas reformas que ha sufrido a lo largo de los siglos, conserva, según el Profesor Galera Andreu, el gusto de finales del siglo XVI, contribuyendo a ese enjoyamiento que adquiere la labor de la piedra dentro de la corriente del Manierismo.
Aunque en una cartela, junto al Presbiterio, en la nave del Evangelio, se lee que las obras se terminaron en 1608, hay datos de que esta iglesia existía en el siglo XV, aunque suponemos que debería ser más pequeña, y al alcanzar Mengíbar su libertad y aumentar su población, los vecinos se decidirían a ampliarla en el siglo XVI, añadiéndole el Presbiterio y alzando sus naves.
Su interior lo forma una planta con tres naves espaciosas, que se cubren vaídas. El Presbiterio tiene una bóveda de cañón con casetones que albergan escudos de los Ponce de León, patrocinadores del primer retablo del siglo XVI, y cabezas de santos en relieve, todas ellas de buena calidad. En las pechinas de la bóveda de media naranja, encima del altar mayor, escudos en yeso del obispo de Jaén, D. Sancho Dávila, y otro con las llaves de San Pedro, titular de la iglesia. El retablo renacentista fue sustituido en el siglo XVIII por otro barroco que fue destruido en 1936. El actual fue inaugurado el 1 de enero de 1951, imitando al barroco. En él, intervinieron D. José Luis de la Chica, escultor, y los Profesores de Bellas Artes, de Guadix, D. Miguel Ligero, y D. Manuel Párraga Vílchez. En el ático hay una estatua de San Pedro sedente con sus atributos pontificios y rodeado de un grupo de ángeles. Todas las figuras están policromadas, y vaciado su conjunto en escayola, reforzada con aglomerado de laca y estuco, así como los estípites y columnas que separan las tres calles del único piso de que consta.
En 1970 el cuerpo de esta iglesia sufrió una profunda restauración, ante el peligro que presentaba del hundimiento. Las obras fueron sufragadas, en su totalidad, por los vecinos de Mengíbar que no regatearon esfuerzos para conseguirlo. En esta restauración, obra de D. Manuel Párraga Vílchez, Licenciado en Bellas Artes, la iglesia recobró el esplendor, la hermosura y la belleza que aquellos arquitectos del siglo XVI quisieron que tuviese, pero que las circunstancias, quizá económicas, impidieron hacer. Entre los objetos de culto valiosos que existían en esta iglesia y que, con el paso del tiempo y otras circunstancias, se han perdido, citamos los siguientes:
• Una magnífica imagen de Santa María Magdalena, de la Escuela de Alonso Cano, probablemente de Mora, del siglo XVI.
• Una casulla de damasco rojo, también del siglo XVI.
• Una soberbia custodia, obra de Juan Ruiz, “El Vandalino”, autor de la de Jaén.
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Casa Palacio de los Señores De La Chica
Situada en la Plaza de la Constitución, colindante con la Torre, se accede a ella tras pasar un patio cercado con obra moderna y embellecido con unos singulares leones, obra de D. José Luis de la Chica, uno de los actuales propietarios y recientemente fallecido, y de sus diversas y buenas piezas arqueológicas, procedentes de Maquiz. La portada de la Casa Palacio ostenta dos buenos escudos de los Duques de Sesa y Condes de Garcíez. El IV Conde de Garcíez fue señor de Mengíbar. Este frente se corona con almenillas modernas de piedra. Traspasada la portada, se entra en un bello patio, compuesto de tres arcos de medio punto, un tanto rebajados, de ladrillo, que descansan en pilares. También en este patio se exhiben magníficos restos de Maquiz. En el frente norte se alza la entrada principal de la Casa con una sencilla, compuesta a base de sillares en las jambas y un dintel con cruz en el centro, y la fecha de 1663. Contiguas a la portada se ven buenas rejas de forja. En el bello y original vestíbulo de entrada se abren, a derecha y a izquierda, dos salones, lo mas sobresaliente de la Casa, con mobiliario en consonancia con el edificio. Un arco de medio punto comunica con un largo corredor, que nos introduce en los dormitorios, todo con muy buen gusto, y bien conservado, a pesar de que los miembros de esta familia, prácticamente, no residen en ella. Esta Casa Palacio fue propiedad, en siglo pasado, de los Ponce de León, después Condes de Garcíez, Duques de Sesa y Montemar, pasando a D. Juan Ramón de la Chica Saeta, por compra al Duque de Sesa, con fecha 17 de septiembre de 1880.
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Casa de la Inquisición
En la calle Jaén se encuentra una casona con una bella y sugestiva fachada, conocida por la Casa de la Inquisición, debido a que ostenta el escudo del Santo Oficio. Denota ser de finales del siglo XVII, y en 1793 la ocupaba D. Juan Rubio Galera, Familiar del Santo Oficio de la Inquisición de Córdoba, en Mengíbar.
Su fachada la forman pilastras toscanas y dintel almohadillados. En su clave presenta el escudo del Tribunal de la Inquisición. Por encima, un friso liso y una cornisa moldurada sobre la que se abre una ventana rectangular, adintelada, y con jambas almohadilladas y cajeadas.
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Ermitas
En el siglo XVI, concretamente en 1511, Mengíbar contaba con cuatro ermitas: San Salvador, San Cristóbal, San Sebastián y La Magdalena. En el siglo XVIII, D. Francisco Pretel de Gámez escribe, en un documento personal, que ha reedificado a sus expensas la ermita de San Cristobál; esta debió de estar en el cerro de su mismo nombre, lindando con el término de Jaén. La de San Sebastián, según una tradición oral, estuvo cerca de la Fuente Redonda, y la de San Salvador bien pudo ser la que existía al principio de las calles Jaén y García Pintado, cerca de la Iglesia de San Pedro. D. Francisco Pretel de Gámez también nos habla de una nueva ermita, la del Humilladero. Esta es la única que e conserva del siglo XVIII y esta situada junto al cementerio municipal, aunque hoy se conoce con el nombre del Señor de las Lluvias. Fue reformada en 1970.
El 14 de julio de 1990 se inauguró y bendijo la nueva ermita de Santa María Magdalena; está situada en el cerro de Maquiz, donde estuvo la antigua y que se cita en el siglo XVI. En ella, cada segundo domingo de mayo, se celebra la Romería de Santa María Magdalena.
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Puente Colgado
Entre los monumentos artísticos que Mengíbar ha perdido para siempre, figura el famoso Puente Colgado que permitía el paso del Guadalquivir. Fue construido en 1843 para sustituir a la barcaza que durante muchos siglos había sido el único medio de paso, y desapareció en 1930, como consecuencia de haberse hundido el piso del mismo, el día 18 de agosto, al paso de un camión cargado con toros de lidia y que se dirigía a Málaga, donde iban a ser toreados en la feria de aquella ciudad. A raíz del accidente y dado las costosas reparaciones que frecuentemente necesitaba, el Ministerio de Fomento decidió sustituirlo por el actual que fue construido en 1931, en hormigón y con dimensiones que hicieran posible el tráfico que ya se preveía.
El puente entusiasmaba a cuantos lo conocían y eran muchos giennenses los que aprovechaban las tardes de sábados y domingos para venir a Mengíbar, pasar el puente y acercarse a la Estación de las Palomeras para ver y conocer el tren. En el telón de boca del Teatro de Mengíbar, Aldehuela, famoso pintor de Andújar, inmortalizó el puente en una bella pintura. Por desgracia también ese telón se ha perdido, siendo pocos los documentos que de él se conservan.
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